¿Cómo lo hacemos?
 
 

(Cristina Muscarsel es autora de todos los textos e imágenes de esta página. Derechos reservados. Prohibido reproducir sin autorización previa)

 
 

 

          Los niños vivirán las sesiones de música como un juego en el que prima la imaginación, el movimiento, las emociones. Los profesores guiarán el proceso motivando a los niños a través de cuentos, sonidos, canciones y propuestas adecuadas que generen oportunidades para el aprendizaje libre y creativo.

 

 
  ¿Cómo es una sesión?

 

          Tras unos minutos de diálogo y comunicación de los niños entre sí y con el profesor, se sucederán, en el transcurso de de una hora, cinco actividades diferentes:

 

Momento de la clase: MOVIMIENTO

         La primera parte de la clase es el trabajo con música y movimiento. Con diversos elementos como cintas, tubos o disfraces y una música motivadora, los niños se mueven por todo el espacio de diferentes formas: un día son caballitos, otro, chinos o elefantes...

 

         Mediante esta actividad de movimiento los niños logran conocer y controlar mejor su propio cuerpo, utilizar en forma creativa el espacio y desarrollar el sentido rítmico a la vez que escuchan y disfrutan de la música de una manera lúdica, divertida y motivadora que favorece la interacción con sus compañeros en forma creativa y armónica.

 

   

   

             

  
     

 

2º Momento de la clase: RELAJACIÓN

         Una vez que han descargado tensiones en la actividad de movimiento, escuchamos música serena, la luz baja de intensidad y los niños se tumban en el suelo por unos pocos minutos a hacer relajación. El profesor les mueve un brazo o una pierna y ellos tienen que aprender a dejar flojo el cuerpo como si estuvieran “desmayados”.

 
                        

 

 

 

 

3º Momento de la clase: AUDICIÓN

         Una vez que están tranquilos y reposados, iniciamos la actividad de audición. Utilizamos para ello, entre otras muchas cosas, una serie de juegos graduados y sistematizados. Le damos vital importancia al programa de audición porque el sistema educativo en general se basa mucho en la visión, “todo les entra por los ojos”. Pero muchos niños no tienen la oportunidad de desarrollar el hábito de prestar atención a lo que oye, de escuchar.

 

         Además de trabajar el reconocimiento de las fuentes sonoras y de los parámetros del sonido –intensidad, duración, altura y timbre- hacemos audiciones participativas de música instrumental, principalmente clásica.

       

         A través de juegos que incluyen movimiento, percusión, títeres, y elementos de todo tipo, los niños no sólo escuchan fragmentos de las composiciones de  grandes músicos, sino que prestan atención a estas y empiezan a reconocer en forma intuitiva, por ejemplo, las formas musicales.

 

 
 

 

   

 

4º Momento de la clase: RITMO

         Los niños reproducen ritmos con el cuerpo, con la batería o con otros instrumentos, de uno en uno y en grupo. Esto va desarrollándoles el sentido rítmico, la coordinación y también la memoria rítmica.

 

 

 

 

 

5º Momento de la clase: CANTO

         Una vez que hacemos juegos para desarrollar la capacidad de cantar afinadamente, los niños suben uno a uno al escenario. Allí tocan instrumentos de pequeña percusión y cantan. Como les cuesta coordinar el canto con otras acciones como el movimiento o la ejecución instrumental (si tocan, no cantan, si bailan, dejan de cantar), probamos diversas variantes: cantar a capella, tocar mientras otros cantan, tocar y cantar, cantar y hacer movimientos para acompañar la canción, cantar en grupo o cantar fragmentos como solista.

 

 
 
 
 
 

6º Momento de la clase: Instrumentos melódicos

          Los niños que van a cuarto y quinto nivel del taller musical, tienen un momento más en la sesión que está dedicado a los instrumentos melódicos.

          Cuando los niños tienen seis años aproximadamente, y asisten por tercer curso consecutivo a nuestro taller, comienza la etapa en la que cada niño comienza a sacar de oído en diversos instrumentos sencillas canciones. Este trabajo, además de motivarlo a probar instrumentos de viento, cuerdas y teclados, es la consecuencia del gradual y sistemático programa para el desarrollo auditivo que fuimos haciendo previamente. Efectivamente, los juegos de audición que fuimos realizando, desarrollan su capacidad para descubrir por sí solo –sin partitura- cómo se toca una melodía. Les decimos, por ejemplo: “Te acuerdas de aquella canción que cantamos y bailamos? Esa canción se puede tocar con estas cinco notas del teclado; intenta descubrir cuales son.” Una vez que el niño la toca en el teclado, le decimos: “Vale, ahora tócala en el xilófono... y ahora en el acordeón... ¿probamos en la guitarra? ¿Y si la tocamos con la flauta? Ahora la volvemos a tocar en el teclado, pero en Do mayor no, que queda muy baja para cantarla, busca qué notas hay que usar para tocarla en Re mayor. De este modo, el niño se va dando cuenta de que si descubre cómo es una melodía, puede tocarla en diferentes instrumentos. Este trabajo de ir sacando de oído melodías cada vez más difíciles, continúa desarrollando su oído musical. No es un trabajo fácil: sería más fácil enseñarle a tocar con una partitura. Pero lo que puede suceder, es que no logre tocar otra cosa que no sea lo que le den por escrito. Cuando el aprendizaje de la música se basa en la audición, el niño llega a ser capaz de descubrir por sí solo melodías. No sólo eso, podrá también crear sus propias canciones. Esto no quiere decir que a la edad adecuada no deba aprender a solfear y a ejecutar lo escrito en una partitura. Pero no consideramos que ese deba ser el comienzo.

 

        

   

 
 
 
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