Polar
"Snow song"
Tras la agradecida edición en vinilo de A letter for the stars sale al mercado una nueva entrega del grupo valenciano al que no puede dejar de reconocerse su generosidad, pues son ya 18 los temas sin mácula que nos han dejado en menos de un año, como si quisieran resarcirse de tanto tiempo de parón en lo que a lanzamientos se refiere. Dando por supuesto que este e.p. no podría ser tan exclusivo como New day o el que compartieran con Sick Buzos no puede dejar de congratular el rescate del tremendo 'On the sky'. Oído 'Memories', incluido en la versión vinilo de A letter for the stars parece como si hubieran querido prescindir de los temas más potentes que llevaron al estudio para no desbaratar el ambiente creado en el cd. Pero si bien 'Memories' podría haber encajado perfectamente en su primer largo Sixteen seconds communication , 'On the sky', por su parte, parece el necesario atisbo de evolución tras el merecido reposo en un sonido ya absolutamente dominado. Las atronadoras distorsiones que dan paso a la mínima incursión vocal así lo atestiguan y si quizá descoloca un poco una tonada convencional tras un inicio tan soberbio todo se arregla con el fluido de la guitarra de Miguel Matallín pudiendo musicar sin problemas imágenes oníricas de transmigración de almas (como si llevaran al extremos vanguardista lo que Prefab Sprout proponían en 'Scarlet nights', el corte que daba lugar al ingreso en el más allá en Jordan:The comeback). Otro extenso y enorme tema que los pone más cerca de los mejores Planetas de lo que a primera vista parece.
Desde otro punto de vista, y aún contando con material conocido, también da propuestas de continuidad la segunda parte del disco en un formato acústico del que salen especialmente beneficiadas un 'Don't want to be alone tonight' en el que los coros de Jesús Sáez debieran haberse arrancado al final acompañando con jaleo flamenco y la versión del 'Tell me' de Galaxie 500 donde destaca el violín de Javi Torres haciendo las veces de los coros en al versión original.
Aunque no sean tan sorprendentes siempre será un placer volver a escuchar ese relato sobre la incomunicación canina y la frustración que conlleva toda patología sexual –aquí la antropofília- ('Un chien andalou') o la melancólica misiva de '41 (Forty-one)', con ese paréntesis remarcando la empecinada obstinación del grupo por defender la lengua utilizada en sus composiciones. Una placentera suite en definitiva que los emparenta con el Arde de sus admirados Migala pese a que yo sigo viendo en la ausencia del componente depresivo en los valencianos –hay tristeza, pero no regodeo- la mejor baza para desmarcarse de sus compañeros de estilo –anotando que al último disco del grupo de Abel Hernández hay que darle de comer aparte.
Sobre el tema titular poco más que decir. Este invierno la tierra volverá a amenazarnos con su suicidio incapaz de soportar tanto ultraje y a nosotros sólo nos servirán de consuelo canciones como ésta mientras el clima no nos permita salir de casa.
Raúl |