El Hombre Burbuja
"La paz está en las matemáticas"
Mucho me ha costado poner por escrito la enorme sorpresa que, para mí, ha supuesto este tercer trabajo de los andaluces El hombre burbuja. Cuando todos los críticos, costará, se enteren del grandísimo salto (que probablemente sea hacia un precipicio es algo aparte) que han efectuado Jul de la Rosa y sus acompañantes "La paz está en las matemáticas" deberá figurar bien alto en las listas de lo mejor de este 2002 que se prevé tan generoso en discos nacionales de excepción como lo fue el pasado año. Claro que a juzgar por lo oído Antonio, Mariano y Jul deberían recoger la medalla escupiendo a la bella modelo que les hiciera entrega. No puedo resistirme a rescatar las confesiones que Jul hace a Rafa Angulo para las páginas de Mondosonoro: "Supongo que este es el disco de la decepción. Han pasado muchas cosas desde que grabamos "Nadando a crol". Relaciones que se rompen, relaciones que no cuajan, expectativas musicales insatisfechas, problemas de dinero, amigos y amigas que decepcionan, engaños, pérdidas de control, mucha carretera, resaca generalizada...Y cuando te decepcionas a ti mismo, cuando te invade el sentimiento de culpa, la cosa se agrava. No tenía ningún interés en esconder mis miedos, mis fracasos, mis fobias, así que ahí están. Necesitaba un exorcismo".
Sinceramente, le deseo que muy pronto se arrepienta del disco que ha realizado y pueda alcanzar esa felicidad basada en la simulación que se intuye al final de este disco no sólo de decepción sino de instante desesperado, una de esas decisiones heroicas que nos hacen quedar como admirables o imbéciles según el resultado. La fehaciente muestra de que luchar por un sueño especial (la felicidad, el respeto artístico) poco tiene que ver con las andaduras de los concursantes de Operación Triunfo. Tras la costosa asimilación del disco, sencillamente, asusta que en su página web se anuncie la cancelación de los conciertos programados para el mes de Mayo por motivos personales.
Comencemos cargando con nuestra propia culpa y meditemos sobre las conclusiones que un crítico puede sacar de la aparición de un trabajo como este tras la mala acogida que tuvo entre un amplio sector de la crítica (servidor, todavía entonces sólo como oyente, incluido), una conclusión absolutamente contradictoria: Siempre es pronto para dar por perdido a un artista; la exigencia puede ser el detonante para que éste se ponga las pilas.
Sin llegar al delirio (el arte nunca se mueve impelido por comentarios críticos sino impulsado por presión personal) se puede leer entre líneas que el fracaso que ha provocado esta obra de muerte y resurrección no sólo ha sido de cariz sentimental.
Ahora Jul de la Rosa ha abandonado la prepotencia que lastraba sus anteriores trabajos (el anodino debut homónimo y el fallido, en mi opinión "Nadando a crol") borrando la intimidación de su tono y logrando captar con los imperativos (T.O.C.) en lugar de provocar sonrojo (¿Por qué no? de su anterior álbum). Parece decidido a integrarse en el mundo real con la convicción con que un niño disléxico introduce un cubo de madera en el hueco circular de los puzzles pre-escolares; con ayuda del martillo si hace falta. Disecciona para ello en cada canción cada una de las fases de una crisis existencial lo más dolorosa y agotadora posible con la única conclusión tomada ya de antemano 'a una meta es mejor no llegar'. Así Solo una parte se presenta ya terminal para dar paso al cuento de hadas T.O.C. deshilvanando la maraña que lleva al matrimonio de manera bastante más hiriente que Astrud 'deja que se trague sus respuestas/ cuando exija hazle recordar/ dile que tu amor es complicado/ y cuando esté confuso tira un poco más'. Que al final consigan que la marcha nupcial (¿pasada por agua?) suene de absolutamente catastrofista advierte sobre lo que nos espera si no paramos el lector a tiempo.
Porque después de ello nos van a demostrar que la desgracia nos pone cara de diana. Nadie quiere ver tu cuenta atrás, repiten en una melodía que se repetirá en la última canción junto a los coros en El mundo en números.
La última muestra de resistencia y violencia que presenta l disco se da en Miedos y mitos
En Pingüinos y koalas los coros finales 'tú ves ovnis' nos advierten que la cordura se ha apeado en la parada anterior y por mucho que avises al conductor de la pérdida, por mucho que le pidas gritando que te pare ves en sus ojos reflejados en el espejo que debes empezar a sentir el miedo.
La enajenación se hace ya palpable en Todo va y desde que en Mejor fuera la vulnerabilidad toma el papel dominante el trayecto es ya irreversible. La metáfora más cruel sobre la dominación amorosa 'vuelvo a ser tu hámster' y una sensación claustrofóbica por desgracia irresistible, negando la voluntad hasta para la salida más fácil 'así que un detalle más no me gustan las repisas', llegado al punto en que el engaño es la única alternativa a la claudicación, cuando llevas tanto tiempo con el segundo calcetín en la mano que ya no sabes si acostarte o vestirte. Empeñados en tocar los huevos recalcando la monstruosidad que presenta el amor visto desde fuera acaban el tema con el I wanna be loved for you de Marilyn Monroe.
El intento por creer a los psicólogos tiene lugar en Actividad antes de que nos den unos necesarios diez minutos de descanso. Por que la que se nos viene encima va a ser gorda.
La inercia es el único motor de la constancia llegado a este punto. Pocas veces se ha conseguido un efecto tan tremendo por el contraste entre música y letra, entre sentido e interpretación. Jul vomita el alma conjurando a Van Morrison y Kurt Cobain para intentar convencernos de que va a salir de esta con la misma eficacia que un moribundo al que no podemos creer ni robar la ilusión. 'Así puede estar mejor ¿lo entiendes?' exhala en el último intento de encontrar un sentido a los latidos de su corazón. Siempre hay algo más se nos revela mientras una pareja discute gritando 'Te has arruinado la vida y me parte el corazón'. Acabar el disco con este tremendo tema hubiera sido tan eficaz artísticamente como moralmente punible. Los Planetas nos dejaron en la estacada con La copa de Europa: ya hemos salido, y ahora ¿hacia donde cojones vamos?
Nadie te va a sacar las castañas del fuego y que dejarse de santificaciones 'vuelvo a pensar sólo en mí' nos dicen como única salida, si bien no puedes más que descojonarte, tras todo lo oido, cuando una voz femenina recita 'tengo el control de mi vida/ sé cuidar de mí y de mis seres queridos/ desarrollo una función/ una misión en el mundo'. Nada es tan fácil, claro, y Rapport demuestra que si el penúltimo intento es siempre desesperado el último es ya póstumo: 'cambias/ y ahora cambias/ mas no'. El lapidario 'así no es la vida/ hay más' es por fín definitivo.
El único escape verdaderamente convincente del disco se da con Aloha dai, con la anestesia como único estado anímico soportable 'oye el mar/ lo que siento suena igual'. Soltar amarras. Acabar con este tema (Dios, cuántas dudas les habrán asaltado para dar carpetazo, cuando el arte es terapia y las ideas no paran de bullirte, por miedo a que la máquina pare de funcionar para siempre) sería tan reconfortante como una palmadita en la espalda tras un puntapié en los genitales. El cansancio gana la partida a una voluntad herida de muerte y así llega El mundo en mapas, hablando sobre los desastres que produce la lucidez extrema, máxime cuando nadie te asegura que no sea más que la máscara de la paranoia.
'Siempre quieres ver lo que hay de más' es el reproche postrero, ya abatido, que se sueltan en este disco. La paz alcanzada pero las heridas imposibles de cicatrizar, habrá que acostumbrarse a vivir con ellas y dejar de hurgarlas con las uñas sucias.
Pueden estar contentos. Conseguir una obra maestra les ha costado el infierno pero pueden forzar la sonrisa del resentido por la certeza de que, esta vez sí, han logrado vengarse adheriéndolo a nuestra experiencia. Hijos de puta.
Raúl |