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JIMMY DAWKINS. "Tell me baby" ( Fedora, 2004)

   El sello Fedora está llevando a cabo en los últimos años una importante labor sacando a la luz a algunos oscuros bluesmen o restaurando las carreras de otros, como es el caso de Jimmy Dawkins, y veintiún  meses después de grabar su primer disco en esta discográfica, éste vuelve a la carga, en la misma ciudad californiana, Fresno, con el mismo productor, Chris Millar y con casi la misma banda de acompañamiento, a la que ahora hay que añadirle algunos nombres nuevos. Y es ahí donde radican las principales diferencias con respecto a su predecesor: si en el anterior las guitarras eran asunto del líder y el único guitarrista rítmico (Frank Goldwasser), en este se dan cita, además de la punzante Gibson de Dawkins, otras tres, lo que da un papel más preponderante a las guitarras rítmicas, y aunque no por ello  lleguen a eclipsar al hacha solista de Dawkins, si parece que en la producción de este Cd se haya bajado ligeramente su volumen. Por su parte, el aspecto vocal está a tan buena altura, o incluso más, de lo que nos tiene acostumbrado.

   En cuanto a la composición de los diez cortes la cosa sigue por una línea muy similar: la mayoría salidos de su imaginación y cedida la autoría a sus nietos. Encontramos reminiscencias de Magic Sam en el tema “Falling tears” – con el quasi-omnipresente riff del “All your love” -, en “Romping ‘N’ Stompin” – aludiendo a la versión casi definitiva que del “Sweet home Chicago” hiciera el gran Samuel Maghett - y en el boogie “Mid nite boogie” – que recurre al “Lookin’ good”-; más recuerdos de héroes westsiders en el lento “Bring it back” donde la sombra de Otis Rush flota en el ambiente; “Tired of krying” utiliza el riff del clásico “Going down” del repertorio de Freddie King, que aunque tejano también tuvo bastante que decir dentro del desarrollo del estilo West Side, y “Guitar King”, marcado por un trepidante ritmo funky, que podría perfectamente haber salido de uno de los tres discos que el “Cañonazo de Texas” grabó para el sello Shelter en los primeros 70; también funde el blues y el funk en el tema que da título e inicio al Cd “Tell me baby”; el saltarín “Kotten field jump” transcurre a ritmo de trenes; walkin’ bass heredado del Mississippi en “Mean O’ Blues”; y para cerrar “Hard life blues”, un blues en menores de esos que Dawkins borda como casi nadie.

   Han pasado ya treinta y cinco años – y casi una veintena de trabajos bajo su nombre más un buen puñado de colaboraciones - desde que Jimmy Dawkins grabase su primer y fantástico disco, “Fats fingers” ( Delmark, 69), y aunque el estilo de uno y otro sello no son el mismo – ni los tiempos -  él, ya cercano a los setenta años, sigue manteniendo aquella misma frescura westsider de la que hacía gala a los treinta. Y si hay justicia en este mundo, debería alcanzar al menos parte del reconocimiento que han logrado otros bluesmen de su generación; por mi parte ya lo tiene conseguido.

Roberto Prieto Reguera

JIMMY DAWKINS. "West side guitar hero" (Fedora, 2002)

    Desde el año 1997, en el que Dawkins grabase su tercer y último disco para el sello Ichiban, no nos había llegado nada nuevo de esta verdadera leyenda del blues, con la salvedad de algunas colaboraciones como el fenomenal “I smell a rat” del armonicista Lester Davenport en el que Dawkins y su ex-pupilo Billy Flynn se hacen cargo de las guitarras.

   Quizás era el sello afincado en New York, Fedora, que en los últimos años está sacando al mercado algunos de los mejores discos de blues que hemos podido escuchar, el más idóneo para relanzar la carrera discográfica de Dawkins, un héroe del sonido West Side iniciado hace más de cuarenta años por gente como Magic Sam, Otis Rush o el mismo Dawkins.

    A  mi parecer, una de las notas comunes en toda la trayectoria musical de Dawkins – aunque dentro del blues suene a perogrullada – es el dramatismo de su interpretación, tanto en su voz apremiante y desgarrada como en el sonido de la guitarra afilado y cortante como un cuchillo, con abrasadores vibratos, yendo y viniendo constantemente a la nota tónica y dando como resultado fraseos tan precisos como concisos. Lo bueno si breve dos veces bueno!  Y el hecho de que en los once temas de este disco no haya arreglos prescindibles ni adornos sobrantes – guitarra rítmica, bajo, batería y órgano le acompañan - hace destacar aun más esa fuerza y emotividad, es más, como el propio artista reconoce, sus grabaciones están marcadas por la improvisación y la inspiración del momento. Todos los cortes fueron compuestos por Dawkins aunque en los créditos están atribuidos a sus nietos, según explica él mismo “para que se sientan orgullosos cuando el cartero les lleve un cheque del BMI – supongo que será algo así como la acaudala  SGAE – con tres dólares o algo por el estilo” -. Vamos que debe pasar olímpicamente de los famosos royaltis.

   Con algunas de las cosas dichas hasta aquí – y sobre todo con haber escuchado otros trabajos suyos – se puede empezar a hacer una composición de lugar sobre la música que vamos a poder degustar en este Cd que se abre con “Alley Mae” un blues/funk edificado sobre el potente ritmo del bajo de Henry Oden; “Jammin’ gitar” es un instrumental donde la guitarra se expresa a sus anchas sobre una base de ritmo latino; “Go on baby”, “Sweet li’l mama”, “Dollar head woman” y “Shee leff me” son cuatro blues cocidos a fuego lento de corte West Side, sobre todo “Dollar head woman” con el característico riff  del “All your love” de Magic Sam como bandera, riff que, por cierto, suele aparecer con asiduidad en los discos de Jimmy Dawkins; “I’m what u need” es un tema soul que, a pesar de que la banda está a tan buena altura como en el resto del disco, especialmente la guitarra de Frank Goldwasser, no parece excesivamente compatible con el estilo vocal e instrumental del líder; shuffle saltarín en “Everybody’s jumping”; “Wess cide rock” recuerda al “Got my mojo working” y es otro instrumental a ritmo de locomotora; tintes gospel en “So worried” – que ya había sido grabado por Dawkins en el antes mencionado Cd del armonicista Lester Davenport -, con el órgano de John Surh como apoyo del preocupado Dawkins y su guitarra; y para cerrar más blues/funk con “U made me luv u”.

   Antes de acabar quiero hacer constar que no es error mío la forma de escribir los títulos de los cortes, es la forma en que vienen en el mismo Cd, sin que ello sea una novedad en los discos de Dawkins que es un bluesman peculiar hasta en ese aspecto, y ojalá lo siga siendo por mucho tiempo siempre y cuando continúe haciendo grabaciones como ésta.

Roberto Prieto Reguera

CAREY & LURRIE BELL – “SECOND NATURE”    (Alligator records, 2004)

   De nuevo el sello Alligator nos trae un verdadero deleite para nuestros oídos, superando, a mi parecer, el disco ya comentado de Kenny Neal y Billy Branch. Discos, éstos dos, en los que aparecen algunas coincidencias, y no sólo en cuanto al formato de dúo y sonido acústico grabado en una sola toma, a saber: Carey Bell puede ser considerado como la principal influencia de Billy Branch en esto de tocar la armónica; en sus comienzos las carreras artísticas de Llurrie Bell y Billy Branch estuvieron unidas en aquellos fantásticos Son of Blues de los que aun tira hacia delante el propio Branch; tanto Lurrie como Kenny Neal son hijos de dos fantásticos sopladores de armónica, el aquí presente Carey Bell y Raful Neal, quienes, por cierto, cruzaron no hace mucho sus pequeños instrumentos musicales en el fenomenal Cd que lleva por título “Superharps II” ( Telarc, 2001) y que es ciertamente recomendable.

   Por si fueran pocas coincidencias, este “Second nature” también está grabado en Europa, durante una gira artística y en la década de los 90, concretamente en la ciudad Finlandesa de Kouvola y en enero de 1991.  

   Parece ser que por las fechas en que se realizaron estas grabaciones la relación entre padre e hijo, Carey y Lurrie, no se encontraban aun tan deterioradas como se presume que llegaron a estar. Según algunas versiones, incluidas del propio Carey, la vida de Lurrie se presentaba un tanto “desordenada”, lo que fue distanciando las carreras artísticas de uno y otro. Sea como fuere, en este Cd la conexión y compenetración entre los dos es casi perfecta.

   Junto a Carey y Lurrie, en dos de los doce temas, aparece el también vástago de Carey James Bell, encargado de la percusión; el resto son asunto exclusivo del padre y el primogénito. Carey da muestra de que es un verdadero maestro de la blues harp y como ello deberá pasar a la Historia, con influencias de los grandes del instrumento pero heredero principal de Walter Horton; su voz no está a la misma altura pero no por ello deja de ser todo lo expresiva que requiere la situación. Lurrie se maneja a las mil maravillas tanto a la guitarra como en la voz, explícito como pocos a la hora de transmitir sus sentimientos: su toque de guitarra, vehemente, en perfecto equipo con el dramatismo de su interpretación vocal – seguramente todo ello sea fruto de esa personalidad inestable que algunos le atribuyen. Entre los temas del disco encontramos seis versiones, 5 composiciones de Carey y una de Lurrie.

   Entre los cortes revisados están  “Five long years” a la que ya habían recurrido ambos artistas en grabaciones por separado; “Rock me”; “Short dress woman”, también grabada por Carey en su disco para el sello Blind Pig; “Key to the highway”; “Trouble in my way” de corte gospel e interpretada en solitario por Lurrie con su hermano James a la percusion; y “Here I go again” un meloso y clásico soulero atribuido a Smokey Wilson y que cierra el Cd saliéndose, en cierto modo, del patrón del resto de interpretaciones del disco. Los otros cortes del disco van por los camino del walkin-bass, los shuffles y los blues del Delta y Chicago; también un clásico en la discografía de Carey como es el “Heartaches and pain” que es un blues lento en menores que dio título a su segundo disco para el sello Delmark y en el que se  alcanzan las mayores notas de emotividad de este Cd;  y además sabor funky en “Do you hear?”, también de la cosecha de Carey.

            Ante tanta grabación de “blues adulterado”, la aparición de joyas como este “Second nature” ha de ser recibida como se merece, aunque no por ello debemos encontrárnoslo en la lista de los 40 principales... Larga vida al blues!

Roberto Prieto Reguera  

KENNY NEAL & BILLY BRANCH  -  “Easy meeting” ( Isabel Records, 2002)/”Double Take” ( Alligator Records, 2004.

   No es la primera vez que el sello chicagüense Alligator tira de grabaciones previamente sacadas al mercado por sellos franceses, y en concreto de la discográfica Isabel – me viene a la memoria el fantástico “Stone crazy” de Buddy Guy-.

   Aunque el continente difiere  en estas dos ediciones, el contenido, lo que realmente interesa, es el mismo, presentándonos a estos dos bluesmen tocando de forma acústica – salvo la armónica electrifica de Branch en algún tema - y ellos dos solos, donde Neal se hace cargo de la guitarra y Branch de la armónica, repartiéndose casi a partes iguales las intervenciones vocales.

   En el mundo del Blues se ha recurrido desde siempre al formato de dúo, y es que, además de otros beneficios personales o económicos que pueda reportar a los propios artistas, al oyente le permite disfrutar detenida y detalladamente de la interpretación de un instrumento o de la voz sin apenas injerencia de otros sonidos que lo opaquen. Por otro lado, y dicho por algunos músicos, el hecho de tocar junto con otra persona les hace sentirse más relajados, lo que repercute en el resultado final. Esto se puede percibir en este trabajo, así, al escucharlo podemos trasladarnos mentalmente, a poco que lo intentemos, a uno de esos porches de una casa situada en Bentonia, Yazoo  o Clarksdale, donde algún afroamericano intentaba apaciguar sus sufrimientos tocando la guitarra, la armónica o cantando su penas.

   El repertorio, grabado el 10 de mayo de 1998 en Montpellier, Francia, discurre a través de temas propios – 4 de Neal y 2 de Branch- y versiones de clásicos. Son en total 12 cortes con claro sabor a Mississippi y Chicago, y donde el que más se sale de este formato es “The son I never knew”, un blues en menores con tintes pop compuesto y cantado por Neal y del que se recogen dos tomas distintas. El “Going down slow” de Jimmy Oden cantado por Neal abre el conjunto, con un toque diferenciador del original que le hace parecer más un boogie que un blues lento. Entre el resto de tributados se encuentra Little Walter en los conocidos “I just keep loving her” y “My Babe”; Sonny Boy Williamson en “Don’t start me to talking”; y Muddy Waters con “Mannish boy”.  No sólo la elección de los títulos versioneados muestran las influencias de Branch, también en su estilo a la armónica deja patentes constantes guiños a los dos Walter y a Sonny Boy Williamson, sin olvidarnos de Carey Bell, quien le transmitió muchas de su particularidades. Por su parte, Neal, que toca aquí con la guitarra acústica de Matt Murphy, deja clara muestra de su influencia de los maestros de Baton Rouge donde creció.

   En “Early one morning” Neal recurre al perezoso walkin’ bass típico de Jimmy Reed y que tanto caló en los blues de su Louisiana natal, y como no cabía esperar menos, la armónica de Branch rebusca en el método del propio Reed para redondear el tema. ”Billy and Kenny stomp” es el único instrumental de la serie, con marcado sabor a Chicago y en especial a Walter Horton. En esa línea del estilo de la Ciudad del viento, aunque con más influencia del gran Muddy, están “Baby Bee” – que recuerda al “Rock me”- y “Northern man blues” donde Branch muestra su añoranza por las tierras sureñas de sus antepasados; el mismo sentimiento del que Neal canta en “Going to the country”, un blues que perfectamente había podido ser grabado hace 70 años.

   Es un gustazo poder escuchar a dos “aun jóvenes” bluesmen – y quizás de lo más representativo de la escena actual – interpretando blues de esta manera, sobre todo en el caso de Neal, cuyos últimos pasos discográficos han ido dirigidos hacia terrenos menos puristas. Muestra del buen hacer de Neal y Branch como dúo han sido las actuaciones en vivo que han realizado en los últimos tiempos, incluidas las de España el pasado verano; así como muestra de la dirección que  ha ido la carrera musical de Neal también fue su actuación en el pasado Festival de Blues de Cazorla.

   Del mismo modo es de agradecer que el sello Alligator ofrezca grabaciones como ésta - aun cuando la edición original e iniciativa haya partido del sello Isabel -  después de tanto “blues enlatado” como el que ha sacado a la luz en los últimos tiempos. Y parece que con el Cd de Carey y Lurrie Bell, editado también por Alligator hace no muchas fechas, quieren continuar la línea... Ojalá les dure mucho!

                                                                                                Roberto Prieto Reguera. Fotos Bluespain. Madrid 2003    

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